Descontrol.
Jamás había rondado mi mente la idea de desaparecer de esta forma, escaparse de la rutina, y huir sin un destino planificado.
No me creía con fuerzas, con la valentía suficiente para hacer una maleta en quince minutos, meter todas las cosas que creía necesarias para un viaje sin rumbo, sin fecha de regreso. Despedirme de los míos de la manera más extraña sin decirles dónde, cómo, con quién y por qué me iba sin haberles dicho nada antes... Pero así es la impulsividad, y de esta forma guardamos los mejores recuerdos.
