sábado, 22 de diciembre de 2012

Pequeña Amélie, acompáñame una noche más.

-Esa chica del vaso de agua… creo que está distraída porque está pensando en alguien.
 
-¿Te refieres a alguien del cuadro? 

-No, quizá un chico con quien ella se cruzó y le dio la impresión de que los dos se parecían. 


-Ah, o sea que ella prefiere imaginarse una relación con alguien ausente que tener una con los que están a su lado. 


-No sé… Quizá sea lo contrario y ella se desvive por arreglar la vida de los demás.

 -¿Y de ella? De todos los desarreglos de su vida, ¿quién se ocupará? 

-En mi opinión es mejor dedicarse a los demás que a un gnomo de jardín. —

domingo, 16 de diciembre de 2012

Cambiar de piel.


Pequeña sonrisa no ha aparecido hoy por casa. Tampoco lo hizo ayer.
No entiendo su forma de irse, desaparecer, desvanecerse. No entiendo cómo puede fugarse, huir en estos instantes. No lo entiendo porque tampoco sé escucharla. Y si no la escucho es porque nunca me enseñaron a hacerlo, a prestarle atención a los pequeños detalles que marcan nuestras vidas. No lo entiendo, tal vez sea porque tema su respuesta.

Algo parecido pasa con el jodido amor, que nadie nos enseña. Que no sabemos lo que es hasta que nos convertimos en unos estúpidos que no saben lo que hacen. Hasta que olvidamos a decir que no, incluso cuando estamos destrozando nuestra propia vida. En mi caso, hasta que inhalo el último gramo de esa puta mierda que me llevó a ti. Puede parecer extraño, pero incluso para morir me falta esa mitad que entregué por ahí.

Y aún me sigo preguntando el porqué, porqué ni yo mismo me quiero. Cómo voy a querer a alguien, si cada mañana evito verme ante el espejo. Cómo voy a comprender qué sucede, si mis labios siempre han estado sellados. Cómo sé que puedo amar, si aún no sé qué esconde mi pecho.

Entiendo que no interpretes lo que escribo, entiendo que no sepas de qué hablo, a qué o quién me refiero. Entiendo que no seas el culpable, pero para mí esto es un reto, y como en la ruleta rusa donde te juegas la vida, yo aún desconozco de lo que es capaz cuerpo y mente unidos ante un precipicio.




Supongo que soy más cruel de lo que creo 
si te quiero conmigo y no con otro.