lunes, 11 de febrero de 2013

Confesiones de medianoche.


Durante estas semanas apenas he escrito nada en papel, no me he atrevido a dejar impreso cuantos sentimientos han rondado mi cabeza.
Posiblemente no lo haya hecho porque no he llegado a tener nada claro.


Hablar de amor para mí es algo realmente difícil si siempre me estoy cuestionando la verosimilitud del propio término, de la sensación y el sentimiento que no creo que tenga mi corazón.
Posiblemente no lo haya hecho porque no he llegado a sentirlo nunca.


Creer en la felicidad me resulta algo más fácil, si creo que está en las pequeñas cosas, los detalles sin importancia o las inocentes miradas de niños que no saben lo que es el mundo.
Posiblemente sea algo que haga con frecuencia y confíe demasiado.


Y si en algo creo asiduamente es en en hecho de que amor y felicidad están más ligados de lo que pensaba.
Podría decir que estoy enamorado aunque exclusivamente me sienta feliz. Pero es el peculiar sentimiento de felicidad el que me hace llegar a esta característica sensación. 
Posiblemente esté enamorado, y precisamente feliz. 

Digamos que estoy buscando una filosofía de vida, aunque de momento 
me conformo con vivir.