viernes, 14 de junio de 2013

Un souvenir plutôt peu appétissant.

Entonces volví a aquel lugar aún extraño. Extraño porque después de tanto tiempo no había olvidado el menor detalle de su composición, cada uno de los colores que lo formaban, la perspectiva. Cada rincón rezumaba un olor peculiar y único. No entendía cómo era capaz de rememorar todo aquello, pero por más que apartara la vista se adentraba en mi mente, repitiéndose una y otra vez. Cómo el untuoso tacto, el recuerdo del otro y un frágil equilibrio de voluntades envolvían aquellos tímidos retazos de conciencia. Hasta el escaso silencio que entonces nos rodeaba reapareció, singular y misterioso; nuestro. Podía recordar cada gesto, cada roce con que su piel se integraba en la mía en un furtivo waltz donde nos apartábamos con lentitud para después reencontrarnos con extrañeza, perdido el paso y huida la esperanza.