Fue entonces cuando me prometí que jamás olvidaría su sonrisa. Nunca antes había sentido aquella sensación tan extraña en mi cuerpo, en mi mente, en mi frío corazón...
Tal vez me dejase llevar por aquellas lentas canciones, por los suaves copos de nieve que caían sobre nuestras cabezas o por las miles de personas que se movían a nuestro alrededor y nos hacían parecer estatuas congeladas en mitad de la calle. Pero las luces deslumbraban mis pensamientos, y en el centro de tu corazón un diminuto diamante conquistaba mis sentidos, todo mi ser era tuyo.
Por primera vez, sentí ese calor del que tanto me habían hablado, que, como la primera gota de lluvia que cae en plena sequía, viniste a mí, y me entregué a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario