Desde luego, jamás pensé que los hechos ocurriesen tan rápido, que la vida diese tantos giros como pensamientos rondan mi cabeza, y que esta soledad que consume mi cuerpo me dejase tan aturdido como vacío.
Siento no haberme despedido de ti, no haberte dicho lo mucho que te quería, que te necesitaba. Siento no haber estado ahí cuando tus labios me llamaban, mientras me dabas la mano y consumías tus últimos latidos entregando esa tímida sonrisa con la que siempre te recordaré.
Siento, que sea en estos momentos, ahora que no estás con nosotros cuando de verdad nos demos cuenta de lo que ha sido tu presencia, de las miles de lecciones que nos has dado, y los miles de abrazos y caricias que hemos recibido de ti. Siento, pues mi corazón es el responsable de hacerte un hueco en la memoria, que debo darte cada mañana los buenos días, y llevarte con una gran sonrisa, pues formas parte de mí, y en mi nombre escrito llevo tu alma.
No hay sabor más amargo que el de despertar y ver que ya no estás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario