No sé por qué lo hice, no tenía intención alguna de presentarme ante ti, creo que ni siquiera me apetecía verte. Pero fue el furor que recorría mi cuerpo, que quería huir del frío y no caer en mitad del camino, el que me hizo inconscientemente ir a ti. Podría haber corrido, sabía perfectamente donde estabas, pero esa no es mi forma de ser, y menos aún de actuar. Di cientas de vueltas antes de llegar a ti, suficientes cajetillas de tabaco y litros de cerveza me hicieron falta, pero eso no es lo que ahora nos importa.
Pasaron bastantes horas hasta encontrarte, pero no las suficientes para encontrarme a mí mismo. Nunca antes me había sentido tan perdido, y nunca antes antes me había sentido tan enamorado de ti.
Hoy, solo unos días después, se me escapa una sonrisa cada vez que me recuerdo caminando bajo la lluvia, empapado hasta el último centímetro de mi cuerpo, tiritando de frío, huyendo del sinsentido en que podríamos encontrarnos. Llorábamos toda la culpa que ninguno tuvo, llorábamos cada día que estuvimos el uno sin el otro. Pero sobre todo, llorábamos por quitarnos aquel nudo en la garganta que nos impedía decirnos lo mucho que nos queríamos, que nos necesitábamos y que nos habíamos echado de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario