Si alguna vez encontramos el amor, ten claro que ésta no fue nuestra vez.
Qué raros pasaban los días, mi corazón siempre acelerado cada vez marcaba golpes más lentos, mis ojos rojos se iban deshaciendo de tu frágil amor y mis manos vacías se olvidaban poco a poco de la nostalgia de estar sin ti.
Ayer lloré, y antes de ayer, y el anterior, y el otro también. Era raro estar sin ti, pero peor era estar contigo. Díganme a cuántos amaron, y por cuántos se sintieron amados [...]
Es cierto que nunca recibes todo lo que das, y posiblemente tampoco recojas todo lo que siembres. Porque la naturaleza es así, porque existe la sequía, y las lluvias torrenciales. Porque si nadie te lo da, tampoco te lo puede quitar. Entonces, amor, ¿qué ha sido de los te quiero, te necesito, te echo de menos y eres mi vida? ¿Qué ha sido de todas las tardes que hemos pasado juntos, abrazados, besándonos poco a poco? ¿Qué ha sido de las promesas que nos prometimos en los peores, y también en los más maravillosos días de la existencia?
Porque como dije, la sequía nos muestra la falta de amor, de expresión. Esos días que solo somos capaces de mostrarnos distantes el uno al otro, que regalarse un beso significa un soplo de silencio, una astilla al corazón, un interrogante a la mente. En cambio, esos días que no para de llover, que es imposible no mojarse cuando sales a la calle, y regresas empapado; esos días podríamos decir que son los perfectos para la pareja, pero todo tiene unas consecuencias y surgen ciertas dudas. Mi primera duda entonces es preguntarme, cuándo dejará de llover, porque tanta lluvia lleva a inundaciones, y si continuamos así podemos derivar en una tormenta, y acompañarla de fuertes vientos, cargas de nieve o violentos granizos.
Lo que más difícil nos resulta es decirnos que no, que no te quiero. Pero qué fácil es engañarnos, y qué grande es nuestro orgullo que nos impide arrepentirnos y escucharnos un poco, ahí, en el corazón.
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