He muerto por momentos, he comprimido este corazón que era tuyo y he aguantado sus latidos.
Frío, inexplicablemente con él en las manos sigue latiendo. Qué extraño, por el sinsentido del te echo de menos, que cuanto más te quiero más me agobias, y cuanto más te alejas más me faltas.
No sé qué es lo que he hecho, dónde he dejado tus besos, tus caricias, tus sonrisas y esa magia. Esa magia de la que cada día nos impregnábamos como si de una lluvia en pleno agosto se tratase. Una lluvia que hacía calmar la sed de nuestros corazones, de reavivar aquellos tiernos abrazos, y de recordar aquel mágico seis en el que no solo entraste en mi vida, empezaste a formar parte de ella hasta llenarla por completo.
No hay corazón que no se equivoque, nos muestre la realidad y nos trate como personas enamoradas hasta turbar todos los sentidos.
No hay corazón que no se equivoque, nos muestre la realidad y nos trate como personas enamoradas hasta turbar todos los sentidos.
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