Tengo la sensación de que me estoy dejando algo atrás.
No es algo que tenga muy en cuenta, ni a lo que le dé mucha importancia,
pero ha estado todo un año conmigo, y ha cambiado mi vida por completo.
Es esa pequeña sonrisa de la que he aprendido. Esa, que cuando le miras se te escapa al igual que un suspiro, es esa muestra de felicidad, de complicidad, de magia y amor. Porque nunca antes había podido sentir unos besos tan deseados, unos abrazos tan entrañables y unas caricias tan íntimas que me fortaleciesen como tú lo has hecho sin querer.
Siempre me ha fascinado la facilidad con la que la vida presenta a las personas. Nunca he sido de muchas palabras (para qué mentir) nunca he buscado a ese alguien de la manera más ortodoxa posible y normalmente nunca he decidido quién debía marcharse y quién no.
Me sigue impresionando ver cómo una simple persona puede irrumpir en tu vida de la manera más extraña posible y cambiar absolutamente todos los rincones de ella e irse de la misma manera, con la misma y misteriosa facilidad. Ahora lo entiendo, hay veces en los que debes marcharte de una vida, volver a descolocarlo todo. Hay veces quesabes que tienes que marcharte de la misma forma en que entraste.
Dicen que, posiblemente, los peores errores de nuestra vida son los que no cometemos, y tienen razón, porque sé que lo que voy a hacer es un error, uno que quiero cometer. Encantado de no haberte conocido.
Fue entonces cuando me prometí que jamás olvidaría su sonrisa. Nunca antes había sentido aquella sensación tan extraña en mi cuerpo, en mi mente, en mi frío corazón...
Tal vez me dejase llevar por aquellas lentas canciones, por los suaves copos de nieve que caían sobre nuestras cabezas o por las miles de personas que se movían a nuestro alrededor y nos hacían parecer estatuas congeladas en mitad de la calle. Pero las luces deslumbraban mis pensamientos, y en el centro de tu corazón un diminuto diamante conquistaba mis sentidos, todo mi ser era tuyo.
Por primera vez, sentí ese calor del que tanto me habían hablado, que, como la primera gota de lluvia que cae en plena sequía, viniste a mí, y me entregué a ti.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Solo piensa todos los días que nos quedan juntos, y duérmete contándolos conmigo. Tan solo, piensa todas las cosas que haremos, dónde iremos o a quién nos encontraremos. Pero, por un momento, deja de pensar y dime si es esto lo que habías soñado.
Porque no hay mayor felicidad que haberte encontrado,
Me encanta recordar aquellos claros días, en los que sólo corríamos, íbamos a cualquier parte en menos de un segundo, y no existía en nosotros un botón de off. Era imposible cansarnos, dejar de darnos besos, abrazarnos o incluso estrujarnos a veces. Solo salían te quieros de nuestros labios, y millones de sonrisas que recorrían nuestros corazones acelerados.
Si alguna vez encontramos el amor, ten claro que ésta no fue nuestra vez. Qué raros pasaban los días, mi corazón siempre acelerado cada vez marcaba golpes más lentos, mis ojos rojos se iban deshaciendo de tu frágil amor y mis manos vacías se olvidaban poco a poco de la nostalgia de estar sin ti.
Ayer lloré, y antes de ayer, y el anterior, y el otro también. Era raro estar sin ti, pero peor era estar contigo. Díganme a cuántos amaron, y por cuántos se sintieron amados [...] Es cierto que nunca recibes todo lo que das, y posiblemente tampoco recojas todo lo que siembres. Porque la naturaleza es así, porque existe la sequía, y las lluvias torrenciales. Porque si nadie te lo da, tampoco te lo puede quitar. Entonces, amor, ¿qué ha sido de los te quiero, te necesito, te echo de menos y eres mi vida? ¿Qué ha sido de todas las tardes que hemos pasado juntos, abrazados, besándonos poco a poco? ¿Qué ha sido de las promesas que nos prometimos en los peores, y también en los más maravillosos días de la existencia?
Porque como dije, la sequía nos muestra la falta de amor, de expresión. Esos días que solo somos capaces de mostrarnos distantes el uno al otro, que regalarse un beso significa un soplo de silencio, una astilla al corazón, un interrogante a la mente. En cambio, esos días que no para de llover, que es imposible no mojarse cuando sales a la calle, y regresas empapado; esos días podríamos decir que son los perfectos para la pareja, pero todo tiene unas consecuencias y surgen ciertas dudas. Mi primera duda entonces es preguntarme, cuándo dejará de llover, porque tanta lluvia lleva a inundaciones, y si continuamos así podemos derivar en una tormenta, y acompañarla de fuertes vientos, cargas de nieve o violentos granizos.
Lo que más difícil nos resulta es decirnos que no, que no te quiero. Pero qué fácil es engañarnos, y qué grande es nuestro orgullo que nos impide arrepentirnos y escucharnos un poco, ahí, en el corazón.
Esta tarde salí a la calle, llovía a mares y la temperatura pronto rozaría los bajo cero. Habíamos pasado el verano más seco de los últimos diez años -que ni siquiera yo era capaz de recordar. El otoño solo acababa de llegar, pero el frío era notorio en toda la gente. Las calles estaban vacías a las seis de la tarde, la noche llegaba poco después, y la medianoche era capaz de congelar cualquier alma dispuesta a tener una cita. Las mañanas llegaban tarde, y los despertadores sonaban demasiado pronto. Cientos eran los chicos adormilados que salían antes de que apareciera el sol, y que se perdían entre la muchedumbre sin sentimientos.
No sé por qué lo hice, no tenía intención alguna de presentarme ante ti, creo que ni siquiera me apetecía verte. Pero fue el furor que recorría mi cuerpo, que quería huir del frío y no caer en mitad del camino, el que me hizo inconscientemente ir a ti. Podría haber corrido, sabía perfectamente donde estabas, pero esa no es mi forma de ser, y menos aún de actuar. Di cientas de vueltas antes de llegar a ti, suficientes cajetillas de tabaco y litros de cerveza me hicieron falta, pero eso no es lo que ahora nos importa.
Pasaron bastantes horas hasta encontrarte, pero no las suficientes para encontrarme a mí mismo. Nunca antes me había sentido tan perdido, y nunca antes antes me había sentido tan enamorado de ti.
Hoy, solo unos días después, se me escapa una sonrisa cada vez que me recuerdo caminando bajo la lluvia, empapado hasta el último centímetro de mi cuerpo, tiritando de frío, huyendo del sinsentido en que podríamos encontrarnos. Llorábamos toda la culpa que ninguno tuvo, llorábamos cada día que estuvimos el uno sin el otro. Pero sobre todo, llorábamos por quitarnos aquel nudo en la garganta que nos impedía decirnos lo mucho que nos queríamos, que nos necesitábamos y que nos habíamos echado de menos.
Puedo ver las estrellas en el camino desde aquí. ¿No puedes ver el brillo sobre el cristal de la ventana? Puedo sentir el sol siempre y cuando estés cerca y cada vez que me tocas simplemente me derrito.
Ahora, todos me preguntan por qué sonrío de oreja a oreja -dicen que el amor duele. Pero sé... -me costará mucho trabajo- que nada es perfecto, pero que vale la pena que después de haber luchado contra mis miedos me pongas por encima de todo.
Cariño, eres tú, eres el único al que amo, el único al que necesito, el único al que veo
¡Vamos, cariño! Eres tú. Eres el único que da todo de si, el único al que siempre puedo llamar cuando necesito que hagas que todo se detenga. Y finalmente, pones mi amor al tope.
¡Vamos cariño! Pones mi amor al máximo.
Puedo sentir al viento soplarme en la cara mientras bailamos toda la noche.
Chico, tus labios saben a noche de champán cuando te beso una vez y otra y otra y otra.
Ahora, todos me preguntan por qué sonrío de oreja a oreja -dicen que el amor duele. Pero sé... -me costará mucho trabajo- que nada es perfecto, pero que vale la pena que después de haber luchado contra mis miedos me pongas por encima de todo. Cariño, eres tú, eres el único al que amo, el único al que necesito, el único al que veo
¡Vamos, cariño! Eres tú. Eres el único que da todo de si, el único al que siempre puedo llamar cuando necesito que hagas que todo se detenga. Y finalmente, pones mi amor al tope.
" ...pero si tengo alguna virtud (o defecto) es que confío en las personas y no le temo a seguir adelante. Tal vez sea porque no me han dado los suficientes palos, o que no he sabido aprender y tener miedo de lo que pueda pasar; pero creo que ya me conozco lo suficiente, y que AHORA sé lo que vale una promesa, y más si es a alguien a quien quieres, a quien más necesitas en la Tierra, y alguien por quien vives cada día.
Un día le prometí que no le volvería a fallar, él me pidió que cuando dejase de quererle que le dejara, y no le hiciera más daño. Para mí, no hay un solo día que no me arrepienta de lo que pasó aquella vez, y te aseguro que lo sigo recordando, y no sólo me avergüenzo de haberlo hecho, me avergüenzo de habérselo escondido, de haberle fallado."
Felicidad, se supone que es el estado que se consigue al haber alcanzado una meta deseada, al conseguir un propósito o lograr llegar a un fin que ansiábamos desde hacía tiempo.
Con ésta felicidad, somos capaces de mostrar la mayor de nuestras sonrisas. Y es que, sentirse realizado, amado, añorado, sentirse con fuerza y libertad, capaz de tomar decisiones con firmeza, sin dudas, sin complicaciones, sentirse lleno y completo.
Creo que no hay mayor perfección que, cuando nos encontramos con nosotros mismos, cuando sabemos realmente quienes somos y qué queremos, con quién queremos estar y con quién queremos compartir esa parte de nosotros a la que muchos, no sabrían llegar nunca.
Lo verdaderamente complicado no es llegar a conseguir un propósito, sino saber qué propósito, que obstáculo queremos vencer. Puede ser fácil conseguirlo, romper todas las barreras y llegar al límite, pero no es eso lo que nos cuesta trabajo, tiempo o esfuerzo. Lo que nos cuesta de verdad es saber qué queremos conseguir y hasta dónde somos capaces de llegar. Porque podemos plantearnos conseguir mil cosas, derrotar todos los obstáculos que se antepongan a nosotros y ser felices. Pero para mí ser feliz es algo más, la felicidad no se consigue cuando llegamos hasta nuestro destino, sino cuando acertamos en elegirlo, cuando tenemos esas dudas, ese cosquilleo de no saber si lo vamos a hacer bien, ese temor a fallar y equivocarnos, a caer, a no poder mirar atrás, a no poder borrarlo y llevarlo siempre con nosotros.
Porque si hay algo más complejo que llegar a la felicidad,
- Vivo en Londres, una hermosa ciudad llena de vida y recuerdos en la que me encanta vivir. Y tú vives en Nueva York una ciudad sobre valorada.
- ¿Qué has dicho?
- Es una broma, pero ya que el Atlántico es algo grande para cruzarlo diariamente a lado, en barco o volando, te sugiero echarlo a suertes.
- ¿Qué quieres decir?
- Y si eso es inaceptable, abandonar Londres será un placer siempre que tú me estés esperando en la otra orilla.
- Sí...
- Porque la verdad es Sofía, que estoy loca, profunda, sincera y apasionadamente enamorado de ti.
Es realmente curioso que no haya ni un solo principio sin un final, y ese final no acabe sin haber tenido un principio. Es realmente curioso que siempre evitemos el final, aunque esté prescrito, aunque nos lo hayan contado, pero el mero hecho de acabar es el que nos asusta. Pensar el tiempo que dedicamos a algo, y que tenga que acabar de alguna forma, pensar todo lo que dimos por algo, por ese algo especial y que inevitablemente se vaya de nosotros. Más que curioso diría que es extraño, extraño porque no forma parte de nuestra naturaleza, que cuando nos aferramos a algo nunca queremos dejarlo, y extraño porque al fin y al cabo, acaba convirtiéndose en parte de nosotros. Imaginemos tener que deshacernos de todo lo que hoy tenemos, sería curiosa la sensación, percibir que nos hemos criado con algo, no solo unos valores morales que nos guíen hasta unos determinados principios, también una serie de acomodaciones que han hecho que todo ennuestra vida sea mucho más fácil. Esa sensación más que curiosa sería extraña, ya que al perder todos estos principios, perderíamos gran parte de nosotros, gran parte del trayecto que hemos realizado a lo largo de nuestra vida.
Pensemos en todos los cuentos que nos han contado y que sin más, han acabado con un simple “colorín colorado”. Pensemos en las miles de historias que sin un por qué aparente han tenido que darse por finalizadas, no estoy hablando solo de un cuento de príncipes y princesas, de héroes o de dioses, hablo de historias normales, historias que no necesitan ninguna hazaña para ser importantes, porque las historias que realmente consideramos importantes para nosotros, y que serán en nuestra vida, son las historias en las que somos los protagonistas, historias sencillas o con un argumento artificioso, pero historias que nos marcan, historias que al recordarlas sentimos esa extraña sensación. Y es que esa sensación de la que hablaba es la de nuestras vidas, cómo no emocionarnos y sentir mil cosas a la vez al recordarlas…
El tiempo pasa, las cosas cambian y la gente también. Yo diría que lo que el tiempo no debilita lo refuerza. Muchas veces es lo contrario, como cuando estás triste y decepcionado es cuando tu familia no te apoya de ser necesario y mucho menos te comprenden, cuando quienes consideras tus verdaderos amigos son los que menos están en esos momentos. No es que estén todo el tiempo, no siempre puede ser así. Para mí no es necesario el que esa persona me diga palabras de aliento o me dé consejos. El solo hecho de que esa persona este ahí escuchándome, que me sirva de desahogo y no se queje por ser en ocasiones mi paño de lágrimas, que verdaderamente lo haga de corazón, que demuestre que le interesa… esa es la persona que considero un verdadero amigo o amiga. La prosperidad hace amistades y la adversidad las prueba..
Y aunque parezca que nada nos importa, que todo nos da igual, llega un momento en el que caes, que es tanto de lo que has pasado que sin darte cuenta lo has perdido todo, que todo por lo que luchabas, ha desaparecido. Que solo te importa tu ego y orgullo; y justo cuando te das cuenta es cuando ya no te queda nada.
¿Pero se puede saber por qué quiero yo tantísimo a mis niñas? Llevo toda la tarde sin parar de llorar, pensar que son quince días los que no os veré, no estaré con vosotras, ni os podré abrazar muy fuerte, no besar vuestras naricitas, ni azotaros cuando pase detrás vuestra. Pensar que, aunque hablemos por teléfono, aunque nos mandemos mensajes y chateemos, no os sentiré tan cerca como os he sentido SIEMPRE.